A pesar de haber dejado atrás el período de bonanza del "milagro peruano" (2002-2013), el Perú mantiene fundamentos macroeconómicos sólidos y estables —reflejados en reservas internacionales netas de 100 mil millones de dólares, baja inflación, bajo riesgo país y rigor fiscal—. Sin embargo, el país enfrenta serios shocks externos e internos en el horizonte inmediato, como la volatilidad geopolítica del petróleo, la desaceleración de China, la inseguridad ciudadana y el impacto inminente del fenómeno de El Niño costero y global. La tesis central sostiene que, aunque el Perú cuenta con los recursos económicos para resistir estos embates, es imprescindible que el nuevo gobierno restablezca la institucionalidad, fomente la inversión privada y ejecute con urgencia obras de infraestructura social y productiva para mitigar los riesgos climáticos y sostener el desarrollo del país.

Durante el período comprendido entre 2002 y 2013, el Perú tuvo un crecimiento promedio anual del producto bruto interno (PBI) superior al 6 %. El motor de este crecimiento se dio por dos factores fundamentales: la mejora en los términos de intercambio gracias a los excelentes precios de los metales, como consecuencia del proceso de urbanización e industrialización por el que atravesaba China, y la capacidad exportadora de nuestra economía. Dos ingredientes se sumaron a este período de crecimiento sorprendente al que propios y ajenos llamaron el “milagro peruano”. El primero fue la disciplina monetaria, orientada a mantener la inflación en un objetivo de 2 %, con un techo de 3 % y un piso de 1 %. El segundo fue una política fiscal austera, que tenía como norma no tener un déficit fiscal mayor a 1 % del PBI ni una relación deuda pública mayor al 30 % del PBI.
Hablando de la situación interna del país, diremos, en general, que los fundamentos macroeconómicos de nuestra economía son buenos y estables gracias a la madurez con que se ha manejado la política, especialmente monetaria, cambiaria y las reservas internacionales netas (RIN) desde el Banco Central de Reserva del Perú, a cargo de Julio Velarde.
Los fundamentos macroeconómicos se reflejan en los siguientes indicadores: un déficit fiscal cercano a la norma (1 % del PBI), la relación deuda pública/PBI no mayor al 30 %, una tasa de inflación anual en el rango de 1 % y 3 %, bajo riesgo país (110 puntos básicos), un superávit comercial en crecimiento sostenido y un ahorro interno que permite cubrir la inversión prevista en infraestructura social y productiva. A ello se suma un nivel de RIN de 100 mil millones de dólares, superior a 18 meses de importaciones, que es la norma generalmente aceptada a nivel internacional.
Es inevitable pensar que, durante los próximos meses, el Perú deberá enfrentar un entorno externo más complicado que el que tuvimos durante el período 2023-2025. A pesar de las fortalezas macroeconómicas que ya hemos visto, este contexto podría afectar el crecimiento, la inflación, el tipo de cambio, las exportaciones y la inversión.
Desde una perspectiva macroeconómica, los shocks externos para el Perú, con probabilidad de impacto en el futuro inmediato, son diversos. Entre ellos tenemos la escalada de conflictos internacionales (geopolítica), especialmente en Oriente Medio, con efectos sobre energía e inflación. La desaceleración de China y la eventual caída del precio del cobre es también otro grave riesgo, pues afectaría inmediatamente nuestras exportaciones, inversión y recaudación tributaria.
Por otro lado, el fenómeno de El Niño costero y El Niño global nos pondrán en una situación muy grave. El pronóstico es prácticamente irreversible y tenemos poco tiempo para hacer la inversión necesaria en infraestructura social y productiva que reduzca el impacto de este fenómeno natural. Sin embargo, el país cuenta con los recursos económicos suficientes para salir al encuentro.
En resumen, el riesgo dominante ahora mismo es el conflicto Irán-EE.UU. y su efecto en el petróleo (por ser Perú importador neto de combustibles), seguido por los fenómenos naturales, la inseguridad ciudadana y la inestabilidad política que, luego del proceso electoral, deja al país extremadamente polarizado.
Ante esta situación, esperamos que el gobierno entrante restablezca progresivamente el orden, recupere la institucionalidad y fortalezca las relaciones internacionales para generar inversión extranjera directa a favor del Perú. Simultáneamente, será necesario que adopte las medidas necesarias para atacar el déficit de infraestructura social y productiva, especialmente de aquella dirigida a reducir significativamente los efectos de El Niño costero y El Niño global.
Palabras clave:
Economía peruana, Reservas Internacionales Netas, Inflación, Fundamentos macroeconómicos, Fenómeno El Niño, El Niño costero, Infraestructura productiva, Inversión pública, Riesgos globales, Reservas internacionales, Crecimiento económico, Riesgo país, PBI Perú.





