Educar en la verdad o decidir en la confusión
Por la Mgtr. Dery Saida Miauri Aza - Se corre el riesgo de mejorar cifras sin transformar realidades humanas.
Cada proceso electoral representa una oportunidad para definir el rumbo del país. Ya tenemos una nueva presidente en el Perú, pero los resultados nos dejan mucho para analizar y reflexionar en un país 50/50.
En el Perú, la educación suele quedar relegada frente a problemas urgentes como la seguridad o la economía. Esta situación refleja una visión de corto plazo que ignora una verdad fundamental: sin una educación sólida, no es posible construir un desarrollo sostenible ni una sociedad verdaderamente democrática (UNESCO, 2022). Por ello, repensar en la educación desde una perspectiva humana y realista no es solo una opción, sino una necesidad impostergable.
Desde un enfoque realista, la educación no puede reducirse a la acumulación de contenidos ni a la preparación técnica para el mercado laboral. Esta reducción, cada vez más presente en los discursos políticos, revela una concepción utilitarista que empobrece el sentido de educar. Hablar de educación humana implica reconocer a la persona como un ser integral, dotado de razón, libertad y capacidad de trascender su realidad. En esta línea, el Ministerio de Educación del Perú (2020) plantea la formación de ciudadanos críticos; sin embargo, en la práctica, esta aspiración se ve limitada por políticas fragmentadas y discontinuas.
La tradición filosófica permite profundizar esta crítica. Platón concebía la educación como un proceso de liberación de la ignorancia hacia la verdad, lo cual implica una transformación interior del sujeto. No obstante, el sistema educativo contemporáneo muchas veces prioriza la memorización sobre la comprensión, alejándose de esta finalidad formativa.
Por su parte, Aristóteles sostenía que la educación debe orientarse a la formación de la virtud mediante el hábito. Esta idea contrasta con la realidad actual, donde la educación tiende a descuidar la formación ética, enfocándose más en resultados medibles que en el desarrollo actitudinal, aptitudinal y el carácter. Esta tensión evidencia una crisis de sentido: se educa para rendir, pero no necesariamente para vivir bien.
En la misma línea, Tomás de Aquino integra la razón y la moral al afirmar que la educación debe guiar al ser humano hacia la verdad y el bien. Sin embargo, en contextos marcados por la relativización de la verdad y la fragmentación del conocimiento, esta orientación se debilita. La proliferación de información sin criterio ha generado ciudadanos informados, pero no necesariamente formados, lo cual constituye uno de los mayores desafíos actuales.
Desde esta perspectiva, los pilares de la verdad, la belleza y la virtud no son ideales abstractos, sino criterios concretos para evaluar la calidad de la educación. La ausencia de la verdad conduce a la desinformación; la falta de belleza empobrece la sensibilidad humana; y la carencia de virtud debilita la convivencia social. En el contexto peruano, esta problemática se agrava por las desigualdades estructurales.
Las brechas educativas no solo evidencian falta de acceso, sino también desigualdad en la calidad de la formación. Según CARE Perú (2023), miles de estudiantes enfrentan condiciones adversas que limitan su desarrollo. Asimismo, el Centro Nacional de Planeamiento Estratégico (2025) advierte que estas brechas responden a problemas estructurales persistentes. Aun así, una lectura crítica exige ir más allá del diagnóstico: el problema no es únicamente de recursos, sino de enfoque.
En efecto, muchas políticas educativas se concentran en indicadores cuantitativos infraestructura, cobertura, evaluaciones estandarizadas sin abordar de manera suficiente la formación integral de la persona. Esta lógica tecnocrática, aunque necesaria en ciertos aspectos, resulta insuficiente para responder a la complejidad del fenómeno educativo. Se corre el riesgo de mejorar cifras sin transformar realidades humanas. Además, en un contexto de polarización política y desinformación, la educación enfrenta el desafío de formar ciudadanos capaces de discernir y dialogar. Sin embargo, si la educación no prioriza el pensamiento crítico ni la formación ética, difícilmente podrá cumplir este rol. Como advierte la UNESCO (2022), la educación debe orientarse a fortalecer la democracia, lo cual exige no solo conocimientos, sino también valores y capacidades de convivencia.
Desde una perspectiva realista, es necesario reconocer que los cambios educativos requieren tiempo, coherencia y continuidad. Sin embargo, la inestabilidad política del país dificulta la implementación de políticas sostenidas. Esta situación plantea una cuestión de fondo: ¿es posible transformar la educación sin un consenso nacional sobre su finalidad? La respuesta parece indicar que no.
Por ello, el debate electoral debería trascender las propuestas superficiales y centrarse en una pregunta esencial: ¿Para qué educar? Sin una respuesta clara, cualquier reforma corre el riesgo de ser parcial e insuficiente.
En definitiva, cada elección no solo define autoridades, sino también el sentido que se le otorga a la educación y, con ello, al desarrollo del país. Apostar por una educación humana implica reconocer que el verdadero progreso no se mide únicamente en términos económicos, sino en la calidad de las personas que conforman la sociedad.
Una educación basada en la verdad, la belleza y la virtud no es un ideal inalcanzable, sino una necesidad urgente. Colocar la educación en el centro del debate electoral no es solo una decisión política, sino una exigencia ética. El futuro del Perú dependerá, en gran medida, de su capacidad para formar no solo profesionales competentes, sino personas íntegras.
Referencias
CARE Perú. (2023). 5 cifras alarmantes de la educación en el Perú. https://care.org.pe
Centro Nacional de Planeamiento Estratégico (CEPLAN). (2025). Vulnerabilidad educativa en el Perú: desafíos y desigualdades persistentes. https://www.gob.pe/ceplan
Ministerio de Educación del Perú. (2020). Proyecto Educativo Nacional al 2036: El reto de la ciudadanía plena. MINEDU.
UNESCO. (2022). Reimaginar juntos nuestros futuros: un nuevo contrato social para la educación. UNESCO.
Platón. (2003). La República (Trad. L. Gil). Gredos. (Obra original publicada ca. siglo IV a. C.)
Aristóteles. (2002). Ética a Nicómaco (J. Pallí Bonet, Trad.). Gredos. (Obra original publicada ca. siglo IV a. C.)
Tomás de Aquino. (2001). Suma Teológica (Ed. BAC). Biblioteca de Autores Cristianos. (Obra original publicada en el siglo XIII)
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